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¿Cuáles son los
caminos de la Psicología en la era de la
biología molecular?
Se abrió la
puerta y la Ciencia dijo: ¡Que pase el
que sigue!
Y la
Psicología se adelantó unos pasos…
La
concepción que los médicos hemos adquirido
acerca del proceso salud-enfermedad se basa en
el escenario planteado por los conocimientos
científicos y su aplicación práctica en el
tratamiento de los pacientes. A partir del
fascinante impulso proporcionado por los avances
tecnológicos, nuestro razonamiento se dirige
actualmente a tratar de entender los procesos
normales y patológicos del organismo humano, y
las probables soluciones a los problemas
planteados, desde una perspectiva molecular.
En
este contexto, y sostenido por determinadas
tendencias en Psicología, reaparece como
un fantasma la pretendida escisión cuerpo-mente.
¿Cómo se exploran, cómo se entienden, cómo se
disecan los procesos mentales para acercarlos a
los paradigmas actuales de la Medicina? Este es
un tema de especial interés para los médicos.
En
efecto, resulta difícil para el médico práctico
concebir la mente y sus enfermedades como
pertenecientes a un campo independiente y
desconectado del que está habituado a recorrer
en su consultorio.
Es que
desde la antigüedad el médico ha percibido la
constante ingerencia de componentes psicológicos
en la expresión de la enfermedad, superando la
histórica desidia que las Facultades de Medicina
han mostrado para impartir rudimentos de
Psicología al estudiante. Escribe Freud que
“el hombre enfermo es un ser complicado y nos
advierte que tampoco los fenómenos psíquicos,
tan difícilmente aprehensibles, pueden ser
borrados del cuadro de la vida. El neurótico
constituye una complicación indeseada para la
Medicina… Pero existe y compete muy
especialmente a la Medicina” 1.
Por
ello, resulta notable la insistencia de algunos
psicoanalistas en separar estos campos, la
psique y el soma, que entiendo como
irremediablemente unidos en un único envase
humano, interaccionando en el mismísimo sustrato
bioquímico donde se teje el drama del Homo
Sapiens.
No
obstante, los procesos psíquicos plantean un
lenguaje y una problemática clínica diferentes a
las del resto de las especialidades médicas.
Pero la pretensión de parapetarse tras una
conceptualización cerrada al embate de la
investigación científica actual, no parece
dirigirnos a un progreso en la comprensión de
los intrincados y complejos procesos
psicológicos. Más bien, parecería un vano
intento ahistórico de colocar a la Psicología a
buen resguardo de las miradas inquisidoras de la
neurobiología.
En
efecto, la subjetividad del ser humano no escapa
al estudio de la ciencia. Hasta no hace mucho
tiempo, la problemática concerniente a la psique
humana era abordada no sólo por psicólogos, sino
también por filósofos, artistas, escritores y
teólogos. Freud irrumpe con un nuevo paradigma
que plantea un esquema del psiquismo humano que
se proyecta hasta nuestros días, y con una
teoría de intervención terapéutica que no ha
dejado de discutirse. Se trataba obviamente de
un territorio vedado a las formas tradicionales
de investigación. Sin embargo, nuestra
ignorancia en una multiplicidad de temas nunca
dejó de ser inspiración para la elaboración de
hipótesis, las cuales deben ser necesariamente
validadas una vez que hallemos la metodología
adecuada, y aún cuando los exegetas de Lacan
encuentren esta afirmación como irredenta.
Y es
que el mismo Freud expresa decididamente que
“dada la íntima conexión entre las cosas que
diferenciamos en físicas y psíquicas, puede
predecirse que llegará un día en que se abrirán
caminos de conocimientos… desde la biología de
los órganos y la química hasta el campo de
fenómenos de las neurosis” 1.
Más
aún, es el modelo de la psiconeuroinmunología el
que resulta particularmente atractivo para
cumplir con este propósito, fogoneado por el
desarrollo de la neurociencia. Parece inevitable
que los fantasmas lacanianos acabarán por
tener una representación bioquímica, reeditando
el éxito que permitió el recorrido desde la
teoría hipocrática de los humores hasta la
biología molecular actual.
Curiosamente, Eric Kandel, premio Nobel de
Medicina y Fisiología del 2000 por su
descripción de la base molecular de la memoria
(y apasionado estudioso del psicoanálisis),
cursando su último año en Medicina, le propuso a
su tutor en la Universidad de Columbia hallar la
localización cerebral del inconsciente, el ego y
el superego freudianos 2. Más allá de
la ingenuidad de la propuesta, Chambers se
pregunta, comentando esta anécdota, si Freud,
actualmente, no hubiese explicado la
conformación del aparato psíquico en términos de
genes y expresión genética 2.
El
mismo Kandel asevera que no existen ya dudas de
que la psicoterapia resulta en cambios
cerebrales detectables 3, basado en
la evidencia surgida por el amplio campo abierto
por las neuroimágenes y la neurobiología en lo
que respecta al estudio de la génesis,
diagnóstico y tratamiento de las afecciones de
la esfera mental. Dicho de otro modo, cualquier
grand theory acerca de la psique humana
tendrá que dar cuenta precisamente de estos
hallazgos, ya que incluso existen sustanciales
aportes respecto a los correlatos bioquímicos e
imagenológicos de las emociones. Es dable
pensar, entonces, que la estructura psico-social
de la persona se traduce en alteraciones de su
sustrato biológico, posibilitando de esta manera
su estudio.
Esta
postura, sin embargo, no desconoce las otras
fuentes de investigación donde ha abrevado la
Psicología durante décadas, pero esto no
invalida, a mi juicio, lo anteriormente
expresado. No ignoramos que la psicoterapia
puede asemejarse al trabajo del artesano, que no
necesita publicar sus resultados. Igual proceso
se vive en el resto de la Medicina: en la
consulta médica, los aportes de la biología
actual conviven con los datos recogidos por la
Semiología, disciplina que indudablemente
conlleva una enorme cuota de artesanía por parte
del médico, y se tiñe de lo inefable que plantea
la problemática del paciente.
Existen, a no dudarlo, tremendas barreras para
la investigación de este campo, pero también
surcos por los cuales hubiese podido colarse la
investigación de las intervenciones
psicoterapéuticas en su declamado “imposible”
camino a la ciencia. Es que el encuadre de esta
disciplina en una adecuada doctrina de
validación científica hubiese constituido un
pasaporte, una exhibición apropiada en la
vitrina a los efectos de poder ser medida,
analizada, discutida y comparada. No parece
haber otro camino para ganar respetabilidad
profesional. Precisamente, un dato a favor de
esta opinión es el número creciente de
publicaciones al respecto 3, 4, una
de las cuales constituye una reciente y
apasionante revisión sobre este tema, firmada
por Amir y col.3
Fatalmente, en el campo de las disciplinas
humanas también debe recurrirse a la metodología
científica. Lo contrario sería sustraerse al
avance de la Psicología, negar los
cuestionamientos, e imposibilitar el hallazgo de
respuestas y explicaciones, por provisorias que
ellas sean. ¿Cómo elaborar nuevas teorías, cómo
validarlas, cómo armar nuevos paradigmas y
opciones de intervención psicoterapéuticas?
Necesariamente, para indagar en la mente, se
debe superar el terreno de lo meramente
argumental y especulativo, sin abandonarlo.
Es muy
difícil que el psicoanálisis y demás escuelas o
corrientes psicoterapéuticas puedan soslayar
indefinidamente estos temas. Aquellos que
comparan este objeto de estudio al principio de
incertidumbre elaborado por la física cuántica,
deberían considerar que esta situación se
asemeja más a un enunciado teológico, donde un
campo vedado, dogmático, infranqueable a la
comprensión humana, parece impedir la evolución
del entendimiento y la investigación. Desde esta
perspectiva, refugiadas en aquella porción
del lenguaje que carece palabras y que no puede
ser analizada 5, las
construcciones teóricas de la psicología
solamente pueden percibirse como ciertas
mientras uno se desplace y acepte los postulados
dentro de ese sistema.
Dr. José A. Rojman
Carrera de Posgrado en Gastroenterología,
Universidad Nacional de Rosario
rojman@fibertel.com.ar
Referencias
1.
Freud S. Obras completas, Editorial
Biblioteca Nueva, Madrid, Tomo VIII, pág. 2941,
1974
2. Chambers DA. Book
Review: In search of memory: the emergence of a
new science of mind.
N Engl J Med 355: 1745,
2006
3. Amit E, et al. Toward
a neurobiology of psychotherapy: basic science
and clinical applications. J Neuropsychiatry
Clin Neurosci 17: 145, 2005
4. Linder DEJ. How
psychotherapy changes the brain – the
contribution of functional neuroimaging. Mol
Psychiatry 11: 528, 2006
5.
Rojman JA. Cartas de lectores: Sobre el
ajetreo psicosomático. Rev Méd Rosario
73:52, 2007 |