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El deterioro de
la Facultad de Medicina de Rosario
Prof. Dr. Hugo Tanno
Días
atrás el Consejo de la Facultad de Medicina
derogó el ICV (Instancia de Confrontación
Vocacional). Este curso previo significaba en la
práctica una reducción en el número de
ingresantes. En consecuencia el ingreso ha
pasado a ser ilimitado. En la Universidad de
Rosario existe un ingreso irrestricto a sus
carreras de gra-do.
¿Podía entonces ser Medicina una excepción?
Medicina es considerada una ca-rrera de riesgo
profesional ya que la formación del graduado
repercute directamente en la salud de la
población. Es responsabilidad de cada Facultad
el asegurar una adecuada relación docente/alumno
para poder brindar una enseñanza responsable a
las exigencias de la carrera.
Quien en el siglo XXI avale el ingreso
irrestricto, debe tener ante la ausencia de un
modelo similar, muy fuertes convicciones. En
cualquier lugar del mundo, incluyendo la Cuba de
Fidel, existe un ingreso regulado en las
facultades de medicina. Los argu-mentos más
lógicos que lo avalan son:
a) Es necesario conocer cuál es el número de
médicos que requiere cada sistema de salud. Es
evidente que esa necesidad surge de un programa
de formación de recursos humanos que tienen los
países que realmente priorizan la atención de
sus habitantes. La responsabilidad de
implementarla es una política de estado que
asumen los gobiernos cuando su interés por la
salud se ejerce y no se declama.
En la Argentina no hay política de salud seria y
por ende no hay programación de recursos
humanos. Los médicos que se forman en
universidades estatales o privadas son volcados
a la práctica sin control de calidad que juzgue
la validez del título otorga-do. Al creciente
aumento de la oferta educativa de las
universidades privadas se suma el ingreso masivo
en las universidades estatales. La resultante es
un desproporcionado número de médicos para la
población del país. Esta relación alterada
influye negativa-mente en la eficacia del
sistema de salud y atenta contra la calidad de
la prestación mé-dica. A esta inobjetable
realidad se suma la sobresaturación de
profesionales en los grandes centros urbanos y
su escasez en las zonas rurales.
b) La posibilidad de brindar una adecuada
enseñanza está condicionada a una proporcionada
relación entre la demanda estudiantil y la
oferta docente. Es precisamente la masificación
en el ingreso una de las causas que hace escasa
la capacidad docente. Lo inadecuado de esta
ecuación hace inviable cualquier plan de
estudio.
Resulta curioso que se haya aprobado el ingreso
irrestricto en Medicina cuando se encuentra en
pleno debate las debilidades y fortalezas del
nuevo plan de estudios re-cientemente
implementado. Más llamativo resulta todavía, que
sean precisamente las actuales autoridades las
que más lo critican, sembrando dudas sobre la
continuidad del mismo. El sentido común indica
que debiera haberse definido previamente cómo se
resuelve este debate, corrigiendo sus defectos y
recién entonces acordar el ingreso. Pa-rece poco
oportuno favorecer la admisión masiva de alumnos
para un plan de futuro incierto.
La promesa de buscar más fondos para recursos
docentes es prácticamente una utopía. Crear más
cargos cuando los actuales son cuestionados por
su paupérrima retri-bución parece además un
contrasentido. El actual plan de lucha de
docentes universitarios de la U.N.R. con días
programados de huelga, es la más evidente prueba
de esta realidad.
Debe saber el ciudadano común que Medicina gasta
en sueldos el noventa por ciento de su
presupuesto. Destinando el magro resto en
equipamiento e investigación, realidad
tristemente compartida con otras facultades.
Sintetizando, si hoy se duda de la calidad del
egresado, cuya currícula es seria-mente
cuestionada por el caudal de contenidos y por la
escasa práctica con pacientes, alentar el mayor
ingreso pareciera poco responsable.
La emisión de moneda falsa es un dolo que recibe
castigo penal. La emisión del título de médico
en graduados con mala formación, debiera tener
similar condena, ya que es el pueblo el que
padece sus consecuencias.
La excelencia que tuvo esta Facultad ha sido un
sello de la calidad institucional que por
décadas ha prestigiado a la medicina argentina.
En los últimos años el deterioro de las
instituciones llegó a la universidad de la mano
de los partidos políticos que hicie-ron de la
misma un coto de caza de la juventud ilustrada.
Con el argumento de democra-tizar la universidad
se tergiversaron los verdaderos objetivos de la
formación académi-ca. Primero se perdió la
excelencia, luego se cuestionó la exigencia
alentando el faci-lismo y finalmente se impuso
el populismo.
Si el prestigio de la Facultad de Medicina se ha
ido deteriorando en los últimos años, creo que
ahora peligra su credibilidad como institución.
Como consecuencia la calidad académica que
enorgulleció por décadas a Rosario, va en camino
de extinción en un futuro mediato.
Los dirigentes de turno, docentes y estudiantes,
tienen el mayor peso de la res-ponsabilidad
actual. La declamación de discursos en defensa
de la universidad estatal es poco menos que
irritante, cuando en la práctica se deteriora el
nivel académico y la esencia misma de la
Institución: su excelencia.
Los directos beneficiarios de este deterioro en
el terreno educativo, son losIntereses
corporativos de las universidades privadas, y en
la medicina asistencial los gerenciadores de la
salud.
Finalmente, el argumentar que la ausencia de
límites en el ingreso favorece el acceso de los
alumnos carenciados, es una demagógica burla a
la triste realidad de los mismos. La falta de
becas para los estudiantes con escasos recursos
que tienen vocación por medicina, es en la
práctica, una injusta y verdadera exclusión, ya
que sin ellas el concretarlo es solo una
ilusión.
La auténtica sensibilidad social en el gobierno
de una Facultad de Medicina la ejercen quienes
no confunden igualdad con equidad y que además
se preocupan, no por el número sino por la
calidad de los médicos que forman. La primera
beneficia a los estudiantes, la segunda a la
totalidad de la población.
Espero y confío en la sensatez del actual
Decano, de impecable trayectoria mé-dica y
académica, y en aquellos que lo acompañan en su
actual gestión. En la reflexión que exige la
presente realidad, en la crítica a la actitud
tomada y en el compromiso con la Institución que
gobiernan, están puestas las expectativas de
todos los que queremos a la Facultad de Medicina
de Rosario.
Mi vocación por la docencia en medicina y su
ejercicio durante cuarenta años en la
Universidad Pública me obligan con profunda
preocupación en dar a conocer estas reflexiones.
Hugo Tanno
Profesor Titular de Gastroenterología
Director de la Carrera de Post Grado en
Gastroenterología
Facultad de Medicina de la U.N.R.
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