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La docencia en la medicina
Prof. Dr. Hugo Tanno
No es mi idea sobre simplificar un tema tan
complejo, pero quisiera analizar dos aspectos
relacionados: el primero es la docencia al
alumno o al graduado, el segundo es aquella que
se practica con el paciente.
La referida al alumno es la más remota,
mencionada desde Hipócrates y es la que uno
tiene en cuenta cuando habla de educación en
medicina. El maestro enseña al alumno que
usualmente sabe poco. La distancia en el
conocimiento es grande entre el educador y el
educando. La habilidad en volcar los contenidos,
sumado a la capacidad de seducir al alumno,
haciendo excitante el aprendizaje forma parte
del arte de quien lo practica.
En nuestros tiempos la masificación del
ingreso ha hecho que esta forma de enseñanza sea
colectiva. La dispersión de la atención, la
despersonalización de la enseñanza y la
reducción del contacto con el paciente hacen más
difícil y tedioso su ejercicio. La duplicación
de las clases prácticas y teóricas para poder
cumplir con el calendario académico
frecuentemente saturan al docente. El deterioro
de la educación la sufre el alumno y finalmente
la padecen los pacientes.
Como resultado de esta disminución de la
calidad de la enseñanza de grado es la mala
formación del médico, que sin práctica es
eyectado al mercado laboral. Recomponer un
sistema deteriorado por décadas, seguramente
llevará no menos en restaurarlo.
Llamativamente la endeble educación del
pregrado impone la necesidad del postgrado. Este
se hace necesario no sólo para formarse en una
especialidad determinada, sino para suplir las
falencias de la mala formación de grado.
La disposición del alumno y el docente se
desarrollan en un escenario diferente. El alumno
en este caso con una vocación definida y con
mayores urgencias presenta mayor disposición en
aceptar las exigencias docentes. El docente
encuentra mayor receptibilidad a escuchar sus
contenidos, sintiéndose más motivado por el
nivel en el que se desarrolla la enseñanza. La
docencia es más personalizada, la experiencia es
escuchada y la excelencia valorada.
El aplicar nuevas herramientas para uso
docente permite llegar al graduado disminuyendo
los tiempos de aprendizaje y mejor la eficiencia
docente. Estas son utilizadas con singular
destreza por los alumnos, marcando una llamativa
diferencia con sistemas de enseñanza del pasado.
En mi experiencia el deterioro percibido en
la práctica de la enseñanza de grado se refleja
en el poco interés de los alumnos y en los
magros exámenes finales que hoy día padecemos.
Por contrapartida la mejor enseñanza en el
postgrado ha llevado a un nivel conveniente de
exigencia para el docente, que a su vez
encuentra un insospechado feed-back, con un
aprendizaje compartido que recibe de los mismos
educandos. La informática en tiempo real
posibilita ese milagro. Revisiones,
actualizaciones o recientes publicaciones son
rescatados del espacio virtual y volcadas con
capacidad increíble para enriquecer contenidos
actualizados en ateneos clínicos.
Finalmente me voy a referir a la docencia con el
paciente. El cambio del modelo médico que de
paternalista pasa a ser participativo, exige el
compartir con el paciente la estrategia
diagnóstica y terapéutica. La mayor demanda del
enfermo en el interés de conocer su enfermedad
se ha visto decididamente influenciada por el
recurso de Internet en ejercicio de la misma.
Pero más allá de esta demanda, la obligación
del médico de ejercer con humanidad su
profesión, hacen que la docencia sea una
herramienta tan importante como la droga que
receta.
La explicación docente de la enfermedad, de
la metodología diagnóstica para confirmarla y
evaluarla, así como el uso racional del manejo
terapéutico, resulta confiable la labor del
médico. Es evidente que su ejercicio es un traje
a medida en el cual el médico adecua sus
conocimientos al nivel cultural del paciente.
Con ellos están implícitos su capacidad de
comprender, sus niveles de exigencia en conocer
contenidos, así como los tiempos que se
requieren para explicar las preguntas que
genera.
La resultante de un médico con buena
capacidad docente, es un paciente contenido
incluyendo la explicación ante la adversidad.
Este tipo de docencia debe extenderse al entorno
del paciente, ya que la claridad del escenario
para todos los actores mejora el vínculo,
favorece decisiones y acompaña a la historia
natural más desgraciada.
Este tipo de docencia no requiere más
recursos que aquellos que da el sentido común
ejercido con humanidad.
Puede el médico elegir no hacer docencia en
los medios naturales: universidad y hospitales;
sin embargo nunca puede dejar de hacerla en la
práctica clínica de su vida cotidiana. La
primera decisión puede ser vocacional, la
segunda es una necesidad de la buena práctica
médica.
Hugo Tanno
Profesor Titular de Gastroenterología
Director de la Carrera de Post Grado en
Gastroenterología
Facultad de Medicina de la U.N.R.
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