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Frustraciones y violencia
Por
Dr. Efrain Hutt
Desde
los primeros pasos en la vida, el ser humano
comienza a sentir un quebrantamiento de la fe
que lo acompañaba desde el nacimiento y seguía
luego, cuando se sentía protegido y seguro, con
el afecto que le brindaba la madre y el alimento
de ese pecho maternal.
Hasta
se han comprobado diferencias en las evolución
del nuevo ser deseado por los padres, cuando se
le habla o se le hace escuchar música, aun antes
del nacimiento, en su vida intrauterina. Hay
quienes sostienen que la de Mozart es la de
mayor preferencia para el hijo. Al revés parece
ser que ocurre con los ruidos destemplados o las
peleas de la pareja con gritos e incomunicación
con el ser humano en ciernes.
Durante ese crecimiento van surgiendo desengaños
ya desde la misma familia, de la escuela, de los
poderes del Estado o de cualquiera de las
Instituciones que conforman la sociedad, sean
ellas laicas o religiosas, (dicotomías entre la
palabra escuchada o leída y la acción
visualizada o percibida). En otras palabras,
desde su mundo exterior creador de una
permanente esquizofrenia.
Se va contactando con otros componentes
sociales, donde las relaciones no son siempre
humanas, sino frecuentemente utilitarias. .
Cada
una de estas desviaciones forzadas que bloquean
las aspiraciones individuales, constituyen
frustraciones para el libre crecimiento de
valores enraizados en la naturaleza humana.
Tanto John Locke, el filósofo Inglés, en su
“Ensayo sobre el entendimiento humano”, como
Erich Fromm, el psico sociólogo y filósofo
humanista, en su obra magistral “Anatomía de la
destructividad Humana”, concluyen que el hombre
no nace malo sino que simplemente lleva dentro
de su naturaleza ambas posibilidades, que son la
de ser bueno o malo. No hay estructuras que lo
determinen como malo o bueno. Ni la transmisión
genética es determinante, sino a veces solo
condicionante, quedando una enorme proporción,
para las condiciones socio-económicas que
determinan el camino por el cual el ser humano
habrá de transitar, y escribir su propia
historia en esa página en blanco con la cual
nace. De la suma de estas historias se irá
conformando, en un largo proceso, la
modificación que podrá sufrir, para bien o para
mal, la sociedad a la cual se pertenece. Carece
de legitimidad el concepto de Hobbes, tomado de
Plauto , en su Leviatán, conocido como “homo
hominis lupus”
Estas
perspectivas determinarán el carácter social de
los pueblos, que podrán ser solidarios o
egoístas y utilitarios plenos, donde cada uno
usa al otro como un medio para sus fines. Estas
son las actuales sociedades a las que se refiere
ese gran pensador que fuera Jiddu Krishnamurti.
En otras palabras, se sucederán nuevos
quebrantamientos de la persona en su fe, para
ser libre y autodeterminarse, para crecer en
base a sus propias potencialidades humanas y su
esfuerzo realizado, habiendo una pérdida
paulatina de esa enorme fuerza impulsora que
mueve al Hombre, que es la esperanza de
concretar ese algo por nacer, en algo real y
palpable. El ser individual desarrollado e
integrado al todo, con conocimiento verdadero de
que es un ser social. No en vano, el gran
escritor alemán Hermann Hesse, en su ensayo
”Sobre la guerra y la paz”, (no confundir con
“Guerra y Paz”, la obra de Tolstoi) expresó,
que si hay una condición que admira en el ser
humano, es su posibilidad de ser individualista.
Tremenda confusión para poder llegar a la
libertad individual, la que hace una sociedad
enferma, al colocar como sinónimos cuando son
antinómicos, los términos
individualismo-egoísmo.
Cuando el ser humano se abate y espera de manera
inmóvil ese nacimiento, torna a su esperanza,
que debe ser activa y creativa, sin que tome
conciencia muchas veces, en mera desesperanza,
que se retroalimenta de su propia pasividad.
Se
suelen tomar dos caminos para paliar ese
desencanto cuando el mismo se hace repetitivo y
duradero en el tiempo, y según la intensidad del
mismo.
Estos
se relacionan, por lo general, con una medición
de fuerzas entre la causa frustrante y el hombre
frustrado.
En una primera etapa, donde no existe una
denigración profunda de la condición humana,
pueden aparecer, o bien la violencia reactiva
(que muchas veces es en pro de la vida), o bien
la depresión (no siempre manifiesta en forma
total, sino muchas veces encubierta). Se ignora
a nivel social, la cantidad de deprimidos que
tienen aspecto de triunfadores, caminando por
las calles con una sonrisa simulada.
Jamás
haremos un tratamiento efectivo, mientras
persista la ignorancia de la etiología de la
enfermedad social. No se curan las diferentes
patologías sociales, exculpando a quienes muchas
veces fueron los mismos responsables, como
actuantes por acción u omisión, de esa violencia
generada
En una
etapa más avanzada, como lo vemos cuando varias
generaciones han vivido con permanentes
frustraciones, el ser humano sabe de antemano,
que no puede tener proyectos de vida
concretables, ni perspectivas para crecer en su
condición de tal. Aparece entonces la violencia
destructiva, que ya no es en pro de la vida. Por
cierto que el camino para frenar ambas cosas no
es la represión violenta, sino la observación
atenta de las causas que la determinaron. Mirar
con juicio crítico lo que pasa en una humanidad
que se deteriora día a día, (en cuanto a los
valores que hicieron crecer al hombre, en épocas
mejores), nos debe movilizar para que dejemos de
ir, de manera definitiva, a tratar solo los
síntomas o efectos secundarios de la enfermedad
social. Como en las Ciencias Médicas, los
procesos sociales deben ser estudiados desde lo
etiológico, junto a su fisio-patología, para
llegar a un buen diagnóstico y recién poder
tratar la enfermedad social.
Un
intento de análisis, sólo un intento, de los
pasos que sigue la degradación individual y la
sociedad de la que formamos parte, me lleva a
sacar algunas conclusiones que trato de plasmar
en este escrito.
1º)
Ignorancia de que el hombre es un fin en si
mismo, transformándola en una variante
conceptual opuesta, que nos hace pensar que el
hombre es solo un medio para los fines de otro
hombre. Esto último es el equivalente directo
del fascismo., ya sea en el poder o dentro de
cada persona.
2º)
Conformación de una estructura del pensamiento
mediante prédicas interesadas, por medio de
quienes sustentan el poder, de un carácter
acumulativo y consumista, que ocasionaría la
satisfacción de los placeres de la vida y donde
predomina el verbo TENER sobre el verbo SER.
Aprovechamiento de una condición que ha
conformado el “Homo Consumen” actualmente
predominante, así también como establecer como
lógico el concepto de que lo nuevo es bueno y lo
viejo ya no sirve. Así se fortalece la
abstracción llamada “Mercado”, a quien nadie
conoce en realidad.
3º)
Ignorancia del concepto por parte de la
Sociedad, de que quienes más tienen menos
son y su inversa de que, cuanto más ES
el ser humano, menos necesidades tiene y se pone
en la búsqueda solo de lo óptimo y no de lo
máximo. Siempre suele ocurrir que cuanto más le
sobra algo a alguien, otros se quedan con un
faltante.
4º) La
aparición y crecimiento progresivo de
condiciones egoístas en los miembros integrantes
de la sociedad, condicionan una diferencia cada
día mayor entre los que tienen mucho y los que
poco o nada tienen. El mismo egoísmo, en etapa
más avanzada, va disminuyendo el número de
quienes más tienen (por el propio aumento de su
egoísmo, y la ambición inagotable) y aumentando
el número de los que nada tienen (que se sienten
cada vez más derrotados y resignados a su
suerte). Estas constantes, que solo varían
aumentando las diferencias, en la manera de
tener entre ambos grupos, suelen ser las
causales de todos los pasos que siguen el camino
hacia las frustraciones y la violencia que de
ella deriva. Ocurre de manera permanente, que
los que mucho tenían, a su vez son “tragados”
por los monopolios, representantes de las
mayores concentraciones de poder
económico-financiero, que prescinden de quienes
fueron los propietarios, para caer en manos de
los Gerentes, nuevos especimenes que manejan el
cyber espacio de las finanzas, quienes llevan de
sus manos la conducción de las mismas. Ha nacido
una nueva palabra; “gerenciamiento”. Como dice
Helmut Baumann, la aparición de certidumbres
para corregir incertidumbres anteriores, genera
nuevas incertidumbres. Perfecto círculo vicioso
que nunca termina.
A esta
altura se ha perdido ya el fin social que
hubiera podido tener el capital inicial, en el
único afán de multiplicar ganancias, sin haber
tenido el antes mencionado fin.
Aparece en escena una nueva palabra que hace
imposible o muy dificultoso, el seguimiento
posterior de los actos carentes de ética, en
todo lo referente a las relaciones humanas,
individuales, sociales e institucionales, que se
llama “tercerización”. Se convierte casi en una
nueva abstracción, en una maraña dificultosa de
ser penetrada, cuyas partes estructurales son
difíciles de reconocer y cuyas formas se adornan
permanentemente, impidiendo el reconocimiento de
quienes escudriñan los hechos, en una tarea
tremendamente dificultosa, que tantas veces hace
desestimar las investigaciones pertinentes por
no poder llegar a buen final. En ese entretejido
se suelen guarecer muchos hechos reñidos con la
moral y la ética que tapan las verdaderas
estructuras, mostrando solo el exterior. Forma
importante esta de aumentar la corrupción
creciente que avanza a pasos acelerados en la
sociedad mundial.
5º) Si
supusiéramos que la riqueza o pobreza son
exclusivamente cuestiones referidas a bienes
materiales, ignorando que existen las mismas en
un sentido espiritual o moral, tendríamos una
visión parcializada de las frustraciones, que
por una o ambas ausencias pueden resultar para
el hombre, una pesada carga que despierta en él,
la violencia que se agranda día a día. Existen
aparentes contradicciones con los términos
pobreza y riqueza. Hay pobres que son muy ricos
y hay ricos que son muy pobres. Otra manera de
ver la riqueza y la pobreza.
6º)
Podríamos decir que existe una pobreza digna y
otra que resulta groseramente denigrante, que se
transforma en miseria. Etapa esta en que el ser
humano, incluso ha perdido su identidad como
tal. Por lo tanto resultan insoportables las
formas extremas de ambas posiciones de riqueza o
pobreza.
Existen países a los cuales la naturaleza ha
dotado de menos bienes que a otros, pero que han
tenido en sus culturas tendencias más firmes
hacia el crecimiento integral e integrativo,
mediante el trabajo, el esfuerzo y la
solidaridad y donde las ambiciones de poder y el
egoísmo se han visto reducidos y no fueron los
componentes principales, de su carácter social.
En
ellos no se han registrado diferencias
patrimoniales tan marcadas entre sus habitantes
y el carácter acumulativo no se ha expandido a
niveles ofensivos, por la disminución de las
desigualdades materiales. Bajo estas
circunstancias la violencia llega menos al
estado de violencia destructiva, que se torna
muchas veces irreversible y en cambio se han ido
conformando sociedades solidarias, donde la
palabra mío se comparte con la palabra nuestro,
sin que sean opuestos, sino simplemente
conceptos coexistentes. Así vemos, como
transpolando cosas de la fisiología a las
Ciencias sociales, podemos observar el mismo
fenómeno que nos fuera enseñado con la Teoría de
Lapique. Allí de decía que ante reiterados
estímulos vía neuronal para provocar una
respuesta muscular, la iteración de los
estímulos hacían necesario cada vez una mayor
intensidad en los mismos para obtener similar
respuesta. Lo mismo ocurre con la solidaridad
humana, ya que en el momento actual se necesitan
grandes desastres como estímulos para
desencadenar respuestas solidarias. El ser
humano se ha agotado de tantas mentiras dichas
desde el poder y de las clases dominantes.
7º) El
agrandamiento de la inequidad distributiva, trae
aparejado el resentimiento social de quienes no
tienen nada hacia los que tienen mucho, y el
temor de quienes tienen mucho hacia los que nada
tienen. Ya ha nacido un nuevo componente, que es
una paranoia real y justificada, en la que
coexisten ambos grupos dentro de una misma
sociedad. Esta forma real del comportamiento se
ve aumentada por otra forma de paranoia, que es
irreal e injustificada, que se mete como otro
componente más en la personalidad de los seres
humanos.
Lujosos barrios residenciales y humillantes
Villas Miserias, que se miran con agresividad,
temores mutuos y rencores crecientes. La
sociedad disimula su escasa solidaridad y trata
de tapar las culpas que le corresponden en esta
conformación social, llamándoles Villas de
Emergencia, como si fueran el resultado de una
simple cuestión coyuntural, cuando en realidad
ya son estructurales, desde varias generaciones
atrás. Jamás se ha visto en Terapia Intensiva
una emergencia que dure varias generaciones.
Los
que mucho tienen, que en un primer momento de
sus luchas por acaparar, pensaban que esto sería
gratuito, comienzan su ciclo de ansiedad,
angustia y miedos crecientes. Todo el ambiente
que los rodea despierta en ellos un recelo que
los hace vivir sus vidas bajo permanente temor y
llenos de sobresaltos. También nace de esa
situación una violencia hacia quienes ven como
enemigos. Sienten los lugares especiales
enrejados de los barrios privados, como un
escape a la violencia que, sin tomar conciencia,
ellos mismos en muchas oportunidades han
generado con su carácter egoísta y acumulativo.
Los ejemplos diarios demuestran que ya nadie
está a salvo en una sociedad así conformada.
8º;
Es éste momento, en que todavía es posible
antes de llegar a la etapa de violencia
destructiva, donde el ser humano puede ser
recuperado desde las esferas de la misma
sociedad y del Estado. Los cambios necesarios
son profundos; en materia de salud y de
educación, por ejemplo, no solo deben
considerarse importantes inversiones,
suprimiendo la palabra “gasto”, sino
concomitantemente reemplazarse las viejas
estructuras del conocimiento exclusivamente
academicista, por un abordaje humanista que
contemple como factor prioritario, la elevación
de los valores humanos para construir una
sociedad diferente, donde predomine la
solidaridad perdida. Habrá que cambiar en algún
momento de la evolución, las falsas morales
nacidas de quienes han tenido el poder y
manejado desde la cúspide a todos los
integrantes sociales, aun dictando leyes, que
muchas veces resultan alejadas de las leyes de
la humanidad. Pensar un poco en Antígona y
Prometeo, que prefirieron obedecer a las leyes
de la humanidad y no a la de los Hombres.
9º;
Es la última etapa en la evolución de la
violencia, que Erich Fromm denomina Violencia
Destructiva. En este momento la misma ya carece
de las características que la convertían,
durante el estadio anterior, en un mecanismo
para defender muchas veces la vida misma, y solo
busca la destrucción de todo lo que encuentra a
su paso. Lo que fuera magistralmente descrito
por Stefan Zweig en su obra “ Amok” . Se ha
establecido una lucha mortal entre todos los
integrantes sociales, aun de pobres contra
pobres. Las ciudades carecen de lugares donde
las mujeres, los niños, los ancianos, y los
hombres, se sientan seguros de poder caminar por
sus calles o permanecer en ellas, a cualquier
hora, tanto de día como de noche.
La ley del talión ya rige los destinos de esta
sociedad y el más fuerte pasa por encima al más
débil. Las nuevas generaciones tratan de
evadirse de la realidad, y apelan a todas
aquellos ingredientes, (alcohol, drogas,
¿música?, a elevados decibeles que aturden e
impiden todas las intercomunicaciones
personales) en un intento por forjar ilusiones,
que les generen fantasías, que parezcan mejores
que las crueles realidades que les hemos legado.
10º;
Valdría la pena establecer una pequeña
diferencia como lo dice Aldous Huxley, entre la
Tecnocracia y la Ciencia. La primera,
habitualmente no se fija en la resultante de los
inventos, sino que lleva adelante todo lo que la
mente humana puede crear, desde un misil a una
bomba de hidrógeno, en el afán multiplicativo de
riquezas materiales, mientras que la Ciencia,
para ser considerada como tal, debe dedicar sus
esfuerzos a la producción de elementos que hagan
al mayor bienestar común de las sociedades de
todo el mundo, lo cual lleva implícito el
respeto irrestricto al planeta que habitamos,
tratando siempre de dejarlo en mejores
condiciones de cómo lo encontramos y pensando
siempre, como dijera Lester Brown, “sin
disminuir las posibilidades de las generaciones
futuras”.
Dr. Efraín Hutt |