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Lo que debemos
conocer sobre hepatitis virales
Dr. Fernando Bessone
Docente de Gastroenterología de la Universidad
Nacional Rosario
La hepatitis viral es un proceso inflamatorio
que afecta específicamente al hígado y puede ser
producida, entre otras causas, por distintos
tipos de virus. La nomenclatura internacional
acepta actualmente la participación de cinco de
ellos, los cuales son denominados con las
primeras cinco letras del abecedario: A, B,
C, D y E. Los virus A y E son de
transmisión fecal-oral mientras que los
restantes se contagian predominantemente por
sangre.
Los vistos en nuestro país son los virus A, B y
C.
Virus de la
hepatitis A
Este es un virus que generalmente compromete a
niños y gente joven y tiene un predominio
estacional fundamentalmente en épocas de
lluvias. Esta es la explicación del porque la
hepatitis A se ve con mayor frecuencia en zonas
donde se contaminan las napas de agua debido a
un mal tratamiento de las excretas.
La enfermedad tiene un periodo de incubación de
alrededor de 30 días y los síntomas
característicos son fiebre, color amarillo de
piel y mucosas y materia fecal clara
frecuentemente asociada a dolor abdominal,
nauseas y vómitos.
Si bien no produce formas crónicas, existe una
mínima posibilidad de evolución a un cuadro
fulminante (1 en 1000 casos), con alta tasa de
mortalidad de no mediar un transplante hepático.
La vacunación es mandatoria en todo niño luego
del año de vida y debe aplicarse una dosis al
día cero y otra a los 6 meses.
Virus de la hepatitis B
La Hepatitis B
es producida por un virus que tiene una
estructura molecular distinta al A, la cual le
confiere resistencia a la destrucción inducida
por desinfectantes comunes (por ejemplo el
alcohol). Este virus se inactiva en estufa a
160º C, o bien a través de la desinfección con
lavandina. Estas características hacen que pueda
vivir entre 7 y 10 días en una gota de sangre
seca.
De 100 personas que se infectan con el virus B,
sólo 35 hacen una hepatitis aguda sintomática,
mientras que las restantes se inmunizan en forma
asintomática. Este último grupo suele alarmarse
frente a la aparición de un anticuerpo
(generalmente detectado al donar sangre), debido
a que no recuerdan haber tenido nunca un cuadro
de hepatitis. Su significación clínica tiene que
ver con una cicatriz de memoria inmunológica y
no con enfermedad activa. Del 35% que hace
hepatitis sintomática (fatiga y color amarillo
de piel y mucosas), sólo el 5% hará formas
crónicas, las cuales de no ser tratadas, pueden
evolucionar a cirrosis en alrededor de un 40% de
los casos.
Actualmente existen en el comercio drogas que
pueden frenar la enfermedad en la mayoría de
los pacientes tratados. Esto no significa
“curación”, sino “remisión”, dado que
solo un porcentaje no superior al 35-40% se
cura. De todas formas, el enorme avance
realizado por la investigación virológica y
farmacéutica, ha hecho que hoy contemos con un
gran arsenal terapéutico compuesto por fármacos
antivirales, dentro de los cuales el Interferón
y algunos nucleósidos son los más utilizados.
Por otra parte debemos conocer que existen
vacunas específicas contra la hepatitis B, que
si bien deben ser administradas preferentemente
a grupos de riesgo (personal que trabaje con
sangre, adictos endovenosos, homosexuales,
etc.), también debieran aplicarse en edad pre-adolescente,
dado que actualmente la vía de contagio
heterosexual es una de las más importantes.
Además este virus también puede transmitirse por
sangre contaminada a través de pinchazos con
agujas infectadas (tatuajes, drogadicción,
etc.).
La vacuna consta de tres dosis: día cero, 30 y a
los 180 días la dosis final de refuerzo.
Virus de la hepatitis C
Este virus es el más joven de todos y fue
descubierto por un grupo de investigadores
californianos en 1989. La aparición de hepatitis
aguda sintomática es infrecuente y más del 75%
de las personas que la padecen harán formas
crónicas con distinto grado de evolución.
Desgraciadamente la enfermedad raramente da
síntomas, incluso en fase cirrótica, lo cual
obliga al médico a pedir de rutina exámenes de
laboratorio dirigidos a pesquisar inflamación
hepática (transaminasas). Actualmente existen
tratamientos combinando drogas que pueden curar
la enfermedad hasta en un 60% de los casos.
Existen investigaciones en curso sobre nuevos
fármacos dados por vía oral y asociados al
interferón, los cuales seguramente a corto
plazo, elevarán la tasa de curación a un
porcentaje mayor al obtenido hasta el momento.
Debido a que el virus de la hepatitis C tiene
una alta capacidad de mutación, el desarrollo de
una vacuna específica se hace dificultoso, no
obstante, las investigaciones en este campo, se
encuentran sumamente adelantadas indicando que
probablemente en un futuro inmediato también
dispongamos de vacunas específicas para este
virus.
A pesar del enorme conocimiento ganado en la
última década sobre el comportamiento del virus
de la hepatitis C, tanto en el terreno
virológico como terapéutico, aún continúan
existiendo puntos obscuros que seguramente
requerirán varios años para poder ser
esclarecidos. En el último tiempo, algunos
artículos publicados en diarios de nuestro país
han dado una visión demasiado alarmista y no se
han ajustado a la verdad absoluta con respecto a
la verdadera historia natural de la enfermedad
por virus C. Debiéramos saber que este virus
una vez instalado en nuestro organismo puede
producir en diferentes individuos distintos
grados de enfermedad en un mismo periodo de
tiempo. Si tomamos como ejemplo 100 personas
infectadas, únicamente el 20 % de ellas
desarrollará cirrosis hepática en un periodo no
inferior a 20 años. Alrededor de un 40 % de los
casos tendrá un cuadro de hepatitis crónica de
evolución benigna, bajo grado de daño hepático
y que probablemente gran parte de ellos nunca
necesiten tratamiento antiviral.
La gravedad de la enfermedad depende
habitualmente de factores externos, como la
ingesta diaria de elevadas cantidades de alcohol
y fundamentalmente factores relacionados con el
mismo paciente, los cuales tienen que ver con el
estado inmunológico del individuo en cuestión.
(Sistema defensivo).
Este sistema inmunológico juega un papel
relevante en la evolución a la cronicidad y en
el mayor o menor grado de agresividad que adopte
la enfermedad. Por otra parte, este es un punto
de constante investigación debido a que muchos
pacientes por razones que aún se desconocen, no
fabrican la suficiente cantidad de un tipo
específico de anticuerpos que logre eliminar
al virus en forma definitiva luego del
episodio inicial de hepatitis aguda C. A pesar
de esto y a solo 15 años del descubrimiento de
este virus, podemos decir que en un alto
porcentaje de los casos la enfermedad tiene un
curso benigno y se cura con tratamiento
farmacológico entre un 60 a 80% de los pacientes
afectados. Únicamente aquel pequeño porcentaje
(entre 5-10%) que desarrolle una enfermedad
cirrótica descompensada deberá ser sometido a un
transplante hepático. Este procedimiento es
actualmente exitoso en la mayoría de los
pacientes tratados y logra una calidad de vida
similar a cualquier persona no transplantada.
Hepatitis virales en el paciente VIH (+).
Hepatitis C
Esta es una enfermedad muy frecuente en la
población de pacientes VIH positivos, a tal
punto que más de un 50% de aquellas personas
que compartieron agujas y drogas endovenosas son
portadoras crónicas del virus C. En el paciente
co-infectado con VIH y virus C, la enfermedad
hepática suele ser mas agresiva que en aquel sin
VIH. Esta mayor evolución se traduce en un
aumento del daño hepático en un menor período de
tiempo.
Desafortunadamente, este tipo de hepatitis
crónica es productora de muy escasos síntomas y
frecuentemente pasa desapercibida durante años
si no se toma conciencia de que el virus debe
ser buscado con análisis de laboratorio
específicos.
Afortunadamente hoy contamos con tratamientos
específicos para esta enfermedad, la cual
debiera ser tratada con Interferón más
Ribavirina durante un año. De esta forma se
logra la curación en alrededor de un 50% de los
casos.
Hepatitis a virus B
La asociación de virus B y VIH es frecuente
debido a las vías de transmisión compartidas. Si
bien hoy existe una mayor toma de conciencia en
el cuidado de la contaminación sexual en el
grupo homosexual, no sucede lo mismo en personas
adolescentes heterosexuales, donde con relativa
frecuencia no se utiliza ningún tipo de medidas
profilácticas para evitar estas enfermedades.
Esta situación explica la alta tasa de
contaminación heterosexual actualmente descripta
en relación al virus de la hepatitis B en la
literatura médica.
Por otra parte, la historia natural de la
hepatitis B en el paciente VIH positivo también
representa una mayor frecuencia de pasaje a la
cronicidad y una baja tasa de cura espontánea en
contraposición a lo que sucede con el portador
de virus B sin VIH.
A pesar de este panorama no muy alentador, hoy
contamos con drogas para tratar exitosamente
esta enfermedad, que son empleadas por vía oral
con excelente tolerancia y sin efectos adversos
remarcables, suprimiendo la reproducción del
virus en un 80 % de los casos y evitando de
esta forma la progresión de la enfermedad. |