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Varón de 26
años con diagnóstico de colitis ulcerosa que
presenta colestasis marcada en el laboratorio
INTRODUCCIÓN
La colangitis esclerosante
primaria (CEP) es la enfermedad biliar más
frecuente asociada a la enfermedad inflamatoria
intestinal. Es una enfermedad colestásica
crónica caracterizada por un proceso
inflamatorio y fibrótico de las vías biliares
intra y extrahepáticas. Tiene un curso
progresivo y evoluciona a cirrosis hepática.
CASO CLÍNICO
Un paciente varón de 26 años con diagnóstico de
colitis ulcerosa desde los 19 años de edad, sin
controles médicos ni tratamiento desde hace 6
años consulta por cuadro de 30 días de evolución
caracterizado por pérdida de peso, fiebre, dolor
abdominal y deposiciones sanguinolentas, 3-4
episodios diarios. Se realiza una
rectosigmoideoscopía constatándose signos de
enfermedad inflamatoria con actividad moderada.
Se interpreta el cuadro como una reactivación de
su colitis ulcerosa y comienza tratamiento con
prednisona 40 mg/día y mesalazina 4 gr/día con
mejoría clínica progresiva.
En un laboratorio de control se detecta una
marcada elevación de fosfatasa alcalina (FAL) y
gamma-glutamil transferasa (GGT) con aumento
moderado de transaminasas. Se solicitan
serología viral (VIH, VHB, VHC) y laboratorio
inmunológico (ANCA, AML, anti-LKM) que resultan
negativos.
Debido a la alta sospecha de CEP se decide
realizar una colangiografía endoscópica
retrógrada. En la misma se observa una estenosis
dominante a nivel del nacimiento del conducto
hepático izquierdo con dilataciones y estenosis
a predominio de la rama izquierda altamente
compatible con CEP.
Para descartar la presencia de un
colangiocarcinoma se solicita CA 19.9 que es
normal.
Al tratamiento habitual de la colitis ulcerosa
se agrega ácido ursodesoxicólico 900 mg/día.
DISCUSIÓN
La CEP es una enfermedad hepática colestásica
crónica caracterizada por la inflamación,
fibrosis y estenosis de los conductos biliares
intra y/o extrahepáticos. En 2/3 de los
pacientes se asocia a EII precediendo con
frecuencia a la aparición de ésta.
La prevalencia es muy variable según diversos
estudios epidemiológicos. Es altamente
prevalente en los países escandinavos, donde
representa la primera causa de trasplante
hepático pero es mucho menos frecuente en países
como España, Italia, India o Japón. En un
estudio prospectivo realizado en el Hospital
Udaondo de Buenos Aires desde el año 1990 al año
2003, la prevalencia de CEP en pacientes con
colitis ulcerosa fue de 2,9%. Esta enfermedad
afecta con mayor frecuencia a hombres (50-70%) y
suele aparecer en la tercera década de la vida.
Su asociación con la EII está bien establecida y
es más frecuente que se asocie a colitis
ulcerosa (CU) que a enfermedad de Crohn (EC).
Hasta un 70-80% de los pacientes con CEP padecen
una EII. A la inversa, sólo un 2-4% de los
pacientes con CU y un 1,4-3,4% de los pacientes
con EC tienen una CEP asociada.
La etiología es desconocida. Sin embargo, se han
postulado diferentes factores genéticos y
adquiridos, tóxicos o infecciosos, que podrían
desempeñar un papel clave en la fisiopatogenia.
La hipótesis de un agente tóxico o infeccioso se
basa en la frecuente asociación de la CEP con
CU. Se ha propuesto que la enfermedad se
iniciaría a partir de una respuesta inmunogénica
a productos de la pared bacteriana. La injuria
inicial está dirigida al colangiocito, la célula
epitelial de los conductos biliares. La
producción de factor de necrosis tumoral alfa (FNT-α)
a nivel peribiliar atraería neutrófilos,
monocitos, macrófagos y linfocitos e iniciaría
el proceso inflamatorio. Se produciría una
fibrosis concéntrica con atrofia del endotelio
biliar secundario a la isquemia. La pérdida
paulatina de los conductos biliares produciría
colestasis progresiva, fibrosis y cirrosis
biliar.
Se debe sospechar una CEP en todo paciente con
colestasis e historia previa de EII. Se ha
descrito que un 15-40% de los pacientes no
tienen síntomas clínicos en el momento de su
diagnóstico, sobre todo en las primeras etapas
de la enfermedad. Los síntomas y signos suelen
aparecer paulatinamente, sobre todo dentro de
los dos primeros años del diagnóstico. El 75% de
los pacientes refiere astenia y hasta un 70%,
prurito. La ictericia y la pérdida de peso
aparecen en el 60 y 40% de los casos,
respectivamente. Estos síntomas pueden ser la
única manifestación de un proceso neoplásico
asociado. En ocasiones, la enfermedad se
diagnostica en estadíos avanzados cuando hay
hipertensión portal con ascitis o hemorragia
digestiva por várices esofágicas.
Las determinaciones de laboratorio revelan un
aumento de FAL, generalmente 3 veces por encima
del valor superior normal. También se observa un
aumento moderado de las transaminasas. En el 60%
de los casos, la bilirrubinemia, la albuminemia
y la tasa de protrombina son normales en el
momento del diagnóstico. Puede observarse un
aumento de las inmunoglobulinas,
predominantemente de IgG, en el 61% de los
casos. Los anticuerpos antimitocondriales son
negativos. Desde el punto de vista inmunológico,
el dato más característico es la detección de
anticuerpos contra los neutrófilos con un patrón
perinuclear (p-ANCA) que se observa en el 26-85%
de los casos, aunque carecen de especificidad
para el diagnóstico de CEP. También pueden
detectarse otros autoanticuerpos (FAN) que
constituyen una expresión más de los mecanismos
de autoinmunidad que intervienen en esta
enfermedad.
La enfermedad generalmente compromete todo el
árbol biliar, aunque en el 20% de los pacientes
sólo hay afectación de conductos biliares
intrahepáticos (colangitis esclerosante primaria
de pequeños conductos).
El método más preciso para el diagnóstico es la
colangiografía retrógrada endoscópica (CPER). El
patrón típico consiste en múltiples estenosis
irregulares y dilataciones segmentarias de los
conductos biliares intra y/o extrahepáticos. La
colangiorresonancia magnética nuclear (CRMN) es
una técnica que se debe tener en cuenta y es
probable que en un futuro pueda reemplazar a las
técnicas invasivas.
La biopsia hepática rara vez proporciona
información complementaria que condicione el
tratamiento de los pacientes con CEP, por lo que
no se aconseja realizarla de forma sistemática.
Está especialmente indicada ante la sospecha de
un síndrome de superposición con una hepatitis
autoinmune, cuando los pacientes presentan
manifestaciones de las dos enfermedades o ante
la sospecha de CEP de pequeños conductos con
colangiografía normal. La lesión histológica
típica es una colangitis fibrosa obliterante
definida por una intensa fibrosis concéntrica
alrededor de los conductos biliares (“en
catáfilas de cebolla”) que conduce a la
obstrucción progresiva y a la sustitución de los
conductos biliares por tejido conjuntivo.
Es una enfermedad progresiva. Las formas
asintomáticas tienen un mejor pronóstico, aunque
la supervivencia es inferior a la de la
población general. Se ha observado una
supervivencia media de 18 años en los pacientes
asintomáticos y de 8,5 años en los sintomáticos
desde el diagnóstico de la enfermedad. La edad,
los valores de bilirrubina, albúmina,
transaminasas, la hemorragia variceal, el
estadío histológico avanzado y la presencia de
enfermedad inflamatoria intestinal se han
asociado a un mal pronóstico. En algunos casos
puede causar la muerte por insuficiencia
hepática o por el desarrollo de un
colangiocarcinoma. La historia natural de la
colangitis de pequeños conductos parece ser
mejor que la forma clásica.
El tratamiento específico consiste en
administrar ácido ursodesoxicólico (AUDC). A una
dosis de 20 mg/kg de peso, el tratamiento tiene
efectos favorables y mejora las alteraciones
analíticas, pero sobre todo, retrasa la
progresión de la fibrosis y mejora las anomalías
colangiográficas, con una tendencia a mejorar el
proceso inflamatorio. Estas altas dosis de AUDC
se toleran bien y no suelen asociarse a efectos
secundarios. Además, su administración disminuye
en forma significativa el riesgo de desarrollar
displasia o carcinoma colorrectal en los
pacientes con CU y CEP.
Entre un 8-18% de los pacientes con CEP
desarrollan un colangiocarcinoma. Es una
neoplasia que está relacionada con el consumo de
tabaco, la coexistencia de enfermedad
inflamatoria intestinal, la displasia o el
cáncer de colon y la displasia del endotelio
biliar. Tiene muy mal pronóstico, con una
supervivencia media inferior al año. La duración
de la enfermedad inflamatoria intestinal es un
factor asociado a la presencia del mismo.
Debemos sospechar un colangiocarcinoma cuando un
paciente con CEP sufre un deterioro brusco de la
función hepática o colestasis intensa, con o sin
síndrome constitucional. Hasta el momento no se
ha encontrado ningún marcador tumoral sérico que
pueda detectar en forma temprana la presencia de
este tumor. Si bien se utiliza el CA 19-9, un
valor de corte >100 U/ml tiene una sensibilidad
de sólo 75% y una especificidad del 80%. La
combinación de este marcador con el CEA
mejoraría los resultados. La CRNM es la técnica
recomendada actualmente para el diagnóstico y la
estadificación del colangiocarcinoma ya que
proporciona información sobre la extensión
local, presencia de metástasis hepáticas y
compromiso vascular.
En relación al transplante hepático, la mayoría
de los grupos están de acuerdo en que se debe
indicar cuando la bilirrubinemia se mantiene >6
mg/dl durante más de 6 meses, aparecen
complicaciones de la hipertensión portal
(hemorragia variceal, ascitis, encefalopatía
hepática), aparecen episodios recurrentes de
colangitis bacteriana y/o ante el prurito
refractario al tratamiento médico.
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