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Varón de 64
años, con transplante renal hace un año, que
presenta
dolor
abdominal difuso, sin fiebre y acompañado de enterorragia
profusa.
INTRODUCCIÓN
El mofetil micofenolato (MMF) es una droga
inmunosupresora potente utilizada en el
transplante de órganos. Ha demostrado ser
efectiva para reducir la incidencia de rechazo
agudo en receptores de transplante renal. Dentro
de los efectos adversos descriptos, la toxicidad
a nivel gastrointestinal, especialmente la
diarrea, es una de las principales causas de
disminución o suspensión de la droga.
CASO CLÍNICO
Un paciente varón de 64 años recibió un
trasplante renal con donante cadavérico en
diciembre de 2005 continuando triple esquema
inmunosupresor con corticoides, ciclosporina y
mofetil micofenolato (MMF) con buena evolución
clínica y de laboratorio. Al año del trasplante
presentó cuadro de dolor abdominal difuso, sin
fiebre y acompañado de enterorragia profusa. Se
decidió suspender MMF e internar para estudio y
tratamiento. Se realizó videoendoscopía
digestiva baja que evidenció intenso edema,
hemorragias subepiteliales, erosiones y úlceras
de diferentes tamaños y profundidad, en forma
parcelar, que comprometían la totalidad del
colon.
La
biopsia mostró una colitis crónica activa
hemorrágica, parcialmente ulcerada, con marcados
cambios epiteliales de tipo inflamatorio y sin
evidencias histológicas de malignidad, PAS (-)
para microorganismos.
Se
descartaron procesos infecciosos intercurrentes
mediante coprocultivo, parasitológico de materia
fecal y serología para CMV. No se evidenciaron
alteraciones hematológicas asociadas.
Al mes se reinició tratamiento con MMF
presentando nuevamente dolor abdominal
acompañado de ardor epigástrico. Se decidió
reemplazar MMF por micofenolato sódico a dosis
de 720 mg/día con buena tolerancia. A los 2
meses se realizó una nueva videocolonoscopía que
mostró resolución ad integrum del cuadro.
DISCUSIÓN
La utilización de mofetil micofenolato (MMF) en
los regímenes inmunosupresores se ha asociado un
descenso significativo en el rechazo agudo
posterior al transplante de órganos sólidos. Por
otro lado, existe un interés creciente en el uso
de esta droga en el tratamiento de otras
patologías además del transplante. Es así, que
se introdujo en los esquemas terapéuticos de
pacientes con hepatitis autoinmune, no
respondedores al tratamiento convencional o en
pacientes con enfermedad inflamatoria
intestinal, más específicamente en aquellos
casos con múltiples recaídas de la enfermedad
por abandono de los corticoides o en quienes la
enfermedad permanece crónicamente activa a pesar
del uso prolongado de corticoides.
El MMF es un producto de la fermentación de
diversas especies de Penicillium descubierto por
Gosio en 1896, quien describió además sus
propiedades antibacterianas. Estudios
posteriores también demostraron efectos
antifúngicos (Cándida albicans) y contra agentes
patógenos específicos como la Leishmania tropica
y el Pneumocystis carinii.
El MMF es rápidamente metabolizado en el
intestino y en la sangre a su forma activa, el
ácido micofenólico, el cual suprime la
proliferación de los linfocitos B y de los T.
Este efecto se logra mediante la inhibición
reversible de una enzima, la dehidrogenasa de
inosina monofosfato, la cual es clave en la
síntesis de novo de la guanina. Por lo tanto, al
inhibir selectivamente la población linfocitaria
reduce la generación de una respuesta humoral y
de células T citotóxicas en respuesta a
estímulos inmunogénicos y el reclutamiento de
leucocitos hacia los sitios de inflamación.
También presenta efectos citostáticos sobre otro
tipo de células, incluyendo aquellas que se
encuentran en rápido recambio como las células
epiteliales basales del intestino delgado,
aunque este efecto es menos potente.
En estudios de animales de experimentación se
observó una relación directa entre la dosis de
MMF y la severidad de los efectos adversos. De
esta manera, los pacientes que reciben 2 gr/día
generalmente experimentan menos eventos adversos
que aquellos tratados con 3 gr/día.
El efecto adverso más frecuente es la toxicidad
a nivel gastrointestinal. La manifestación más
típica es la diarrea, que en casos severos se
puede asociar a malabsorción y pérdida de peso,
y es la principal causa de suspensión del MMF
del régimen inmunosupresor. Otras
manifestaciones gastrointestinales asociadas a
esta droga son la gastritis, esofagitis, úlceras
gástricas, duodenales y colónicas, atrofia
vellositaria a nivel del intestino delgado.
Es importante recordar que la diarrea es una
complicación frecuente en pacientes
transplantados renales bajo tratamiento
inmunosupresor. En aproximadamente 60% de los
casos la causa es infecciosa (infección por
citomegalovirus, Campylobacter, sobrecrecimiento
bacteriano, enfermedad linfoproliferativa
postransplante asociada al virus de Epstein-Barr,
etc.) mientras que en un 40% no se detecta una
infección de base pero sí es posible encontrar
una enterocolitis erosiva con un patrón de
inflamación símil enfermedad de Crohn.
En el año 1995 se reportó el primer caso de
hematoquezia asociada a úlceras colónicas en un
paciente transplantado renal. Posteriormente se
publicaron otros casos de pacientes con diarrea
sanguinolenta y dolor abdominal y el hallazgo de
una colitis erosiva en la colonoscopía que
cedieron rápidamente con la suspensión de la
droga.
En diversos estudios se ha definido como
“diarrea asociada al uso de mofetil micofenolato”
a aquel cuadro diarreico en ausencia de otras
etiologías que puedan explicar los síntomas
digestivos y con marcada mejoría o resolución de
los mismos sin otro tratamiento más que la
discontinuación de la droga o una reducción de
la dosis inicial del 50%.
La diarrea presenta una frecuencia variable
pudiendo ser de características líquida o
sanguinolenta. Se produce como consecuencia de
una injuria a nivel entérico, colónico o de
ambos. En un estudio que incluyó 20 pacientes
con diarrea asociada a MMF, 14 pacientes
mostraron signos endoscópicos de colitis
(eritema, edema, friabilidad, ulceraciones). Los
síntomas más severos se correlacionan con un
mayor daño desde el punto de vista endoscópico e
histológico.
La reducción de la dosis de MMF en un 50±25%
o la suspensión del mismo se suele acompañar de
remisión completa del cuadro diarreico dentro de
las cuatro semanas. Sin embargo, en pacientes
receptores de un transplante renal la
eliminación del MMF del esquema inmunosupresor
se puede asociar a rechazo del transplante hasta
en el 30% de los casos.
La histología de la enterocolitis secundaria a
MMF exhibe numerosas similitudes con la
enfermedad injerto versus huésped (EIVH), aunque
en la primera entidad suelen presentar menor
grado de severidad. En la mucosa intestinal
normal no suele haber cuerpos apoptóticos y
cuando están presentes, se localizan en la
superficie del epitelio. La presencia de
apoptosis focal en la parte profunda de las
criptas de la mucosa del intestino delgado y
grueso es un hallazgo frecuente en la injuria
por MMF. La persistencia de apoptosis en las
criptas con pérdida de células epiteliales y
regeneración producen una importante alteración
de la arquitectura colónica. También se observa
una importante proliferación y aumento en el
número de células neuroendócrinas que
constituiría, probablemente, una respuesta
compensadora a la pérdida de células
epiteliales. Además existen células
inflamatorias rodeando las glándulas (infiltrado
inflamatorio periglandular), células crípticas
de aspecto atípico, rasgos de cronicidad, y
menos frecuentemente, daño endotelial.
La fisiopatología del daño mucoso sería
multifactorial. Existiría un insulto citotóxico
directo a nivel de los enterocitos y células
epiteliales del colon. Se ha postulado que esta
injuria estaría mediada por los metabolitos
tóxicos del ácido micofenólico. En un estudio
reciente se demostró que los microsomas a nivel
intestinal pueden convertir el ácido
micofenólico en glucurónido y acil-glucurónido
de ácido micofenólico. Este último compuesto
tendría propiedades proinflamatorias y
antiproliferativas. Se podría unir a proteínas
plasmáticas y de membrana de los enterocitos
formando aductos, los cuales inducirían
reacciones inmunotóxicas y de hipersensibilidad
autoinmune. Todo esto favorecido por la
circulación enterohepática del ácido
micofenólico que produciría altas
concentraciones de sus metabolitos a nivel
colónico.
Sin embargo, para algunos autores, parece más
probable la presencia de una injuria mediada
indirectamente. Estaría relacionada al efecto
inmunosupresor a nivel de los linfocitos con la
consecuente modificación de la respuesta
inflamatoria. Se postula la hipótesis de un
“innocent bystander” que surge de las
interacciones celulares a través de la
participación de células inespecíficas. Además,
la desregulación inmune podría favorecer la
injuria intestinal por bacterias y virus.
Por otro lado, la pérdida de la integridad del
epitelio por el efecto tóxico directo podría
dejar expuesta la lámina propia al daño inducido
por agentes endoluminales aún no definidos y
producir una colitis secundaria con
ulceraciones. En modelos animales se ha
demostrado que el MMF altera la remodelación
extracelular y la cicatrización de heridas
mediante una atenuación del infiltrado de
miofibroblastos y formación de colágeno.
Pero hasta el momento solamente se puede
especular sobre los mecanismos responsables del
daño gastrointestinal inducido por el MMF.
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