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HIGADO GRASO NO ALCOHÓLICO
Fernando Bessone
Universidad Nacional de Rosario
El higado graso no alcohólico (HGNA) es la
enfermedad hepática más frecuente en los paises
industrializados, afectando entre el 20-40% de
la población adulta y el 10-19 de la pediátrica.
Se asocia fundamentalmente a diabetes tipo II,
obesidad, insulinoresistencia, dislipemia y
síndrome metabólico. Su incidencia aumenta con
la edad y es más frecuente en el hombre que en
la mujer.
En paises asiáticos como Korea, China y Japón la
prevalencia actual se encuentra en el rango de
12-24% dependiendo del sexo, edad, grupo étnico
y la localización geográfica ( zona rural o
urbana).
Existen además firmes evidencias que esta
prevalencia aumentó en los últimos años
paralelamente al incremento de diabetes tipo II,
obesidad y síndrome metabólico. Si bien la
relación entre HGNA con diabetes, obesidad
central y síndrome metabólico es claramente
evidente tanto en estudios prospectivos y
retrospectivos, una verdadera asociación de la
enfermedad con estos factores de riesgo es
verdaderamente apreciada cuando son usadas
definiciones regionales de antropometría.
Alrededor del 10-15% de los pacientes con HGNA
reunen criterios actuales de esteatohepatitis no
alcohólica (EHNA), la cual muestra una
prevalencia en la población general del 2-3%.
Desafortunadamente 1/3 de estos pacientes
evolucionará a fibrosis y luego a cirrósis. La
mayoría de ellos serán clasificados en algún
momento como “cirrósis criptogenética” si no se
realizan los estudios pertinentes para detectar
precozmente la enfermedad. La tasa de mortalidad
de esta complicación es de un 3 al 8%.
Seguramente estos porcentajes serán mas
preocupantes en los próximos años debido al
creciente aumento de obesidad y diabetes en la
población general.
La mayor parte de los pacientes son
asintomáticos y descubren su enfermedad por un
aumento de transaminasas en un estudio de rutina
o bien por el hallazgo de esteatosis hepática en
la ecografía. En ocaciones puede llamar la
atención la hepatomegalia en un exámen físico de
rutina. A pesar de que una minoría de los casos
puede presentarse con dolor intenso en el
hipocondrio derecho y una hepatomegalia
dolorosa, desafortunadamente gran parte de los
pacientes desconoce su enfermedad. En ocasiones
puede haber fatiga y sensación de debilidad
generalizada de muy difícil manejo que altera la
calidad de vida, transformando al paciente en
letárgico e hipersomne. Existen evidencias que
demuestran que el síndrome de
insulinoresistencia asociado a la EHNA puede
alterar los patrones del sueño y no simplemente
estar asociado con la dieta y el estilo de vida.
El 25% de los portadores de EHNA tienen asociado
un síndrome de fatiga crónica y el 27%
antecedentes de tomar analgésicos por dolores
musculares de tipo persistente.
En muchas oportunidades el cuadro de astenia
enmascara una depresión, la cual es observada
con una prevalencia mayor a la de la población
general.
La enfermedad hepática avanzada esta asociada
con estigmas de hepatopatía crónica (nevus
estelares, ascitis y circulación colateral) y
complicaciones graves relacionadas con el
avanzado grado de hiprtensión portal.
La biopsia hepática es el “gold standard” del
diagnóstico y se caracteriza por presentar
diferentes grados de esteatosis, balonización de
hepatocitos, inflamación lobular y menos
frecuentemente la prescencia de hialina de
Mallory. Además demostró ser tambien una útil
herramienta en la evaluación pronóstica, debido
a que puede cuantificar la extensión de la
enfermedad y el grado de fibrosis
Por su parte, los marcadores séricos de fibrosis
han mostrado limitaciones diagnósticas y deben
continuar siendo investigados en profundidad.
Sin embargo, la combinación de los predictores
más importanes de riesgo de fibrosis pueden ser
de valiosa ayuda diagnóstica. Recientemente un
estudio multicéntrico observó que el BMI, edad,
relación AST/ALT, DBT, albúmina y plaquetas
pueden brindar un exacto score de fibrosis. El
fibrotest por su parte ( compuesto por
apoliproteina A, GGT, haptoglobina, bilirrubina
total y alfa 2 macroglobulina), tambien se
comportó en algunos estudios como un fuerte
predictor de fibrosis en la EHNA.
El tratamiento ha sido dirigido fundamentalmente
a tratar los factores coexistentes (obesidad,
DBT, dislipemia).
El descenso de peso asociado a actividad física
demostró tener un efecto beneficioso sobre la
disminución de las transaminasas. La cirugía
bariátrica puede ocupar un lugar en el
tratamiento de pacientes con obesidad mórbida y
esteatohepatitis, mejorando además los valores
de varias de las enzimas hepáticas.
Las drogas estudiadas incluyen:
inmunomoduladores (acido urso-desoxicólico)
antiinsulínicos, antioxidantes, anticitoquinas,
antiinflamatorios, antagonistas del receptor de
angiotensina y precursores del glutation. Una
gran cantidad de evidencias indican que la
resistencia insulínica puede ser la razón
primaria de la acumulación de grasa en el
hígado, motivo por el cual las drogas
antiinsulinicas son las que poseen el mayor
fundamento para su utilización.
Un gran número de estudios pilotos con
diferentes fármacos de relativa eficacia han
mostrado normalizar las enzimas hepáticas, pero
la mayoría carece del correlato histológico que
demuestre una mejoría en la fibrosis hepática.
Cualquier tratamiento que demuestre mejorar la
EHNA debe ser mantenido de por vida, por lo
cual la valoración riesgo-beneficio debe ser de
fundamental importancia.
Apenas unos años atrás, la EHNA era una
enfermedad poco conocida. Hoy sabemos mucho más
sobre su historia natural y la posibilidad que
esta tiene de progresar a insuficiencia hepática
terminal y necesitar un transplante hepático.
Existen evidencias que indican que la
investigación esta en el camino correcto y que
probablemente en un futuro cercano contemos con
valiosos métodos diagnósticos no invasivos y
drogas que eviten la temida evolución a fibrosis
y sus graves consecuencias.
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