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ROL DE LA COLANGIOPANCREATOGRAFÍA ENDOSCÓPICA
RETRÓGRADA EN LA PATOLOGÍA PEDIÁTRICA
En 1976 Waye publicó la
primera canulación endoscópica exitosa de la
papila en un niño (1), y seis años más tarde
Cotton y col realizaron la primera
esfinterotomía en un paciente pediátrico (2).
A partir de ese momento, la
Colangiopancreatografía Endoscópica Retrógrada (CPRE)
pasó a integrar el arsenal diagnóstico y
terapéutico de la patología biliopancreática
pediátrica, multiplicándose los reportes de su
empleo en diversas circunstancias, con
resultados comparables a los obtenidos en
pacientes adultos (3-6).
A principios de esta
década, la Sociedad Norteamericana de
Gastroenterología Pediátrica (NASPGHAN) dio a
conocer su punto de vista, y emitió
recomendaciones para la aplicación de la CPRE en
niños, remarcando las particularidades que
caracterizan la aplicación de la técnica en
estos pacientes (7).
A lo largo de estos años ha
quedado claro que es un procedimiento seguro y
efectivo en manos experimentadas. Sin embargo,
aún queda por establecer con claridad cuál es el
verdadero rol que debería cumplir, debido a que
carecemos de datos basados en estudios con
diseño estadístico apropiado.
Esto es en parte por que la
frecuencia de la patología biliopancreática es
muy inferior en el niño con respecto al adulto,
a lo que hay que agregarle la irrupción de
nuevos métodos diagnósticos, como la
Ultrasonografía Endoscópica (EUS), y la
Colangiorresonancia Magnética (CRMI) que amplían
la oferta disponible en el diagnóstico y
tratamiento de estos pacientes (8,9).
Esta breve revisión
intentará repasar los aspectos más destacados a
tener en cuenta por quien debe decidir sobre la
realización de una CPRE en un paciente
pediátrico, especialmente en lo referido a las
condiciones de seguridad y las indicaciones de
la técnica.
CONSIDERACIONES TÉCNICAS
PARTICULARES
La CPRE es un procedimiento
invasivo que requiere la asistencia de personal
especialmente entrenado en la realización de
anestesia general en pacientes pediátricos. La
facilidad con la que se obstruye la vía aérea en
el niño ante el pasaje de endoscopios de calibre
relativamente grande obliga a realizar el
estudio con intubación endotraqueal en la
mayoría de los casos (10-11).
A partir de los 2 a 3 años
de edad pueden utilizarse sin inconvenientes los
duodenoscopios convencionales de 12mm de
diámetro, con canal operador de 3.2 mm, que
permiten la mayoría de los procedimientos
terapéuticos, incluyendo la colocación de
prótesis de hasta 7 Fr (7).
Para el caso excepcional
del niño menor, puede ser necesario acceder a
equipos especiales de menor calibre, no
disponibles en nuestro medio.
Concentraciones de Yodo en
el líquido de contraste entre 150 y 300 mg/ml
permiten obtener imágenes adecuadas, sin riesgo
de complicaciones adicionales.
Es conveniente un período
de observación mínimo posterior al
procedimiento, de entre 12 hs (para maniobras
diagnósticas), y 24 hs (para maniobras
terapéuticas) en internación, y con acceso a
servicios de cirugía y cuidados intensivos
pediátricos en caso de ser requeridos (7).
¿Quién debe realizar el
procedimiento?
La CPRE es un procedimiento
complejo, que no debe ser intentado por quien no
reúna los requisitos básicos de idoneidad que
han sido aceptados y publicados. Esto supone la
realización de un número mínimo de estudios
durante la fase de entrenamiento, y el
mantenimiento de la práctica en forma continua,
lo que es muy difícil de alcanzar para el
endoscopista pediátrico dado la escasa
frecuencia de la patología biliopancreática en
los niños.
Por tal motivo se debe
estimular la colaboración entre un operador
experimentado en la patología del adulto, y el
pediatra gastroenterólogo / hepatólogo a fin de
lograr el máximo beneficio posible con el menor
riesgo para el paciente (7,10).
Ninguno de los dos por
separado estará en condiciones de resolver con
eficacia los problemas particulares que plantea
este procedimiento en los niños.
INDICACIONES
Las indicaciones de la CPRE
en pediatría se caracterizan por la casi
ausencia de patología tumoral y el mayor peso de
las malformaciones congénitas (11).
En general, podemos
considerarlas en 2 categorías: Biliares y
Pancreáticas.
- BILIARES
Atresia de Vías Biliares
La opacificación del árbol
biliar extrahepático es considerado el “gold
standard” en el diagnóstico de esta patología
típica del lactante pequeño.
Si bien existen series
publicadas que muestran un alto porcentaje de
éxito y adecuación diagnóstica de la CPRE en
neonatos con colestasis, la necesidad de contar
con equipos de tamaño pequeño ha impedido la
generalización de su uso.
La combinación de datos de
la clínica, el laboratorio y la ecografía
permite un alto grado de certeza preoperatoria,
lo que sumado a la necesidad de una laparotomía
para confirmar el diagnóstico e iniciar la
terapéutica (cirugía de Kasai) arroja dudas
acerca de la verdadera utilidad del método en
estos pacientes (10).
Quiste de Colédoco
La CPRE es muy sensible y
específica para delinear la anatomía de esta
malformación, especialmente en lo concerniente a
la presencia de una anomalía de la unión
biliopancreática (AUBP) (10). Con la mejoría de
las imágenes obtenidas por CRMI, su utilidad
como método diagnóstico ha comenzado a
cuestionarse (13,14).
Dado que el tratamiento es
la escisión radical del quiste a través de
cirugía, la CPRE sólo tendría aplicación en
aquellos casos de presentación aguda asociada a
pancreatitis o colangitis en los que la
esfinterotomía puede proveer descompresión de
los conductos biliar y pancreático, como puente
hasta el tratamiento definitivo (15).
Litiasis Coledociana
Es quizá la indicación más
clara de la CPRE, especialmente cuando el
paciente está sintomático, en el contexto de una
colangitis aguda, o una pancreatitis severa que
no mejora con tratamiento médico (7,10). Existen
numerosos reportes de éxito con la
esfinterotomía, y extracción de los litos con
canastilla o balón, con tasas de complicaciones
comparables a las series de adultos (16,17).
Las consecuencias a largo
plazo de la ablación del esfínter de Oddi en la
edad pediátrica son desconocidas, por lo que
algunos autores han propuesto la realización de
dilatación de la papila con balón, aunque esta
técnica no es recomendable para cálculos
grandes, y se asocia con una mayor frecuencia de
pancreatitis posterior al procedimiento (10).
Colangitis Esclerosante
La CPRE brinda excelentes
detalles de la anatomía del árbol biliar intra y
extrahepático, aunque como sucede en otras
aplicaciones, ha ido perdiendo terreno como
método diagnóstico frente al avance de la CRMI
(18).
Su utilidad es más clara
como tratamiento de los raros casos en que
existe una estenosis dominante en la vía biliar
principal, donde se ha reportado con éxito la
dilatación con balón. La colocación de stents es
una alternativa posible, aunque no se conocen
los riesgos a lago plazo de esta maniobra en los
niños, por lo que debe valorarse cuidadosamente
su indicación en cada caso.
Ascaridiasis
Esta parasitosis está muy
difundida en nuestro medio. Ocasionalmente los
gusanos adultos migran hacia el colédoco,
produciendo cuadros obstructivos similares a las
litiasis. La extracción de estos vermes con
canastilla es un método seguro y efectivo para
liberar la vía biliar y aliviar las
complicaciones (19).
Complicaciones del Tx
Hepático
La estenosis de la vía
biliar es una complicación relativamente
frecuente en el Tx hepático pediátrico, y su
localización y etiología, variadas. La CPRE
tiene su mejor indicación en la dilatación de
aquellas que se presentan a nivel de la
anastomosis quirúrgica (10,20). Dado que en los
niños raramente se realiza una anastomosis
término–terminal del colédoco, su aplicación es
más restringida, en favor de técnicas de
abordaje percutáneo con control radiológico.
Trauma hepático
Ocasionalmente la lesión
del árbol biliar luego de un traumatismo produce
fuga del contenido hacia la cavidad peritoneal.
La CPRE permite la colocación de stents para
bloquear la perforación cuando ésta es
accesible. En otros casos, cuando la lesión es
más periférica, la realización de una
esfinterotomía permite reducir la presión en el
sistema y facilitar el drenaje hacia la vía
biliar principal. Esto disminuye el volumen de
la pérdida y facilita el cierre de la
perforación.
- PANCREÁTICAS
Pancreatitis aguda
La etiología de la
pancreatitis aguda en niños es variada, y
usualmente se trata de formas leves, no
complicadas, en las que la CPRE no cumple ningún
rol.
Al igual que en adulto, en
la pancreatitis aguda biliar sólo está indicada
cuando se asocia a una colangitis (síndrome
coledociano), o en aquellos casos severos que
empeoran durante el tratamiento médico.
Pancreatitis recurrente
La recurrencia de cuadros
de pancreatitis aguda debe hacer sospechar la
presencia de una anomalía congénita que causa
obstrucción. Las 2 más comunes son el Páncreas
Divisum y la AUBP.
- Páncreas Divisum: Se
produce por la anomalía de fusión del páncreas
dorsal con el páncreas ventral de tal modo que
el conducto de Santorini drena la mayor parte de
la secreción de la glándula a través de la
papila menor, lo que se estima que produce una
obstrucción relativa. Se ha reportado la
realización exitosa de esfinterotomía de la
papila menor en pequeñas series pediátricas con
mejoría de los síntomas y buena evolución en el
seguimiento posterior. Su implementación debe
seleccionarse cuidadosamente y está reservada a
centros con gran experiencia (16).
- AUBP: Es una malformación
congénita en la que el colédoco y el conducto de
Wirsung se unen antes de llegar a la pared
duodenal, y por lo tanto fuera de la influencia
del esfínter de Oddi, dando lugar a un canal
común largo que permite el reflujo de la
secreción pancreática en el árbol biliar y
viceversa. Esta situación predispone a episodios
recurrentes de colangitis y pancreatitis dado la
frecuente asociación con estenosis distal del
canal común, y precipitación de secreciones
intraductales.
En casi todos los casos
existe una dilatación de la vía biliar principal
(Quiste de Colédoco), y el tratamiento, como ha
sido comentado más arriba, es quirúrgico
(15,21).
La CPRE es de gran utilidad
para descomprimir la encrucijada
biliopancreática y remover las secreciones que
suelen precipitarse en la desembocadura,
proveyendo alivio hasta la cirugía definitiva.
Ocasionalmente se produce
la obstrucción recurrente del conducto
pancreático por material residual aún después de
la cirugía. En estos pacientes se puede
desobstruir el flujo pancreático ampliando la
papilotomía y removiendo las secreciones
precipitadas (22).
Pancreatitis crónica
La mayor utilidad de la
CPRE radica en la extracción de cálculos del
conducto principal cuando éste se encuentra
dilatado y ocupado. El objetivo es aliviar el
dolor y evitar la destrucción progresiva de la
glándula.
Indicaciones más
controversiales son la colocación de drenajes y
la esfinterotomía endoscópica en ausencia de
obstrucción anatómica evidente.
Como se dijo anteriormente,
estos procedimientos están reservados a unos
pocos centros con gran experiencia, generalmente
adquirida en pacientes adultos (10,16,17).
Disfunción del esfínter de
Oddi
Existen publicaciones sobre
la utilidad de la esfinterotomía en niños con
dolor epigástrico asociado a hiperamilasemia
recurrente, en los que se detecta una presión
del esfínter aumentada, medida por manometría
durante la CPRE (23).
Se debe ser cauto en la
aceptación de esta indicación ante la ausencia
de criterios de diagnóstico claros para la edad
pediátrica, y teniendo en cuenta lo ya apuntado
acerca de las consecuencias a largo plazo de la
papilotomía en los niños.
Traumatismo pancreático
Tal como sucede en la vía
biliar, cuando existe lesión del conducto
principal la colocación de un stent puede
bloquear la pérdida y permitir la reparación.
El drenaje de seudoquistes
por vía transduodenal asistido por EUS también
es una alternativa, aunque la tasa de
complicaciones es elevada, por lo que debe
evaluarse cuidadosamente su indicación en cada
caso (10).
En resumen: la aplicación
de la CPRE en pacientes pediátricos ha
demostrado ser segura y efectiva en los más
variados escenarios, cuando se han cumplido los
requisitos de entrenamiento y disponibilidad de
equipos apropiados.
Tal como sucedió con otras
técnicas endoscópicas, su aplicación ha
evolucionado hasta convertirse en una
herramienta fundamentalmente terapéutica, en
donde encuentra sus indicaciones más definidas.
El mejoramiento registrado
en las imágenes obtenidas por otros métodos,
como la CRMI obligan a redefinir continuamente
el rol de cada uno de ellos a fin de obtener el
mayor beneficio en favor de nuestros pacientes.
Abreviaturas:
CPRE:
Colangiopancreatografía Endoscópica Retrógrada.
CRMI: Colangiorresonancia
Magnética.
AUBP: Anomalía de la Unión
Biliopancreática.
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